pecados-capitales


        SOBERBIA        (Artículo competo)

         

            La soberbia es el vicio de los «perfectos» o, mejor dicho, de los         que se creen tales y presumen de autosuficiencia, cerrándose así a         la salvación.                 

 Como observa San Ignacio de Loyola, la táctica del enemigo de la naturaleza humana es muy parecida a la que vemos en la manifestación de este vicio, porque halaga al alma poniéndole delante sus «puntos fuertes», haciéndole sentirse importante y superior a los demás, apartando así su corazón y su mente de su Creador y Señor. 

 No es casualidad que la tradición espiritual invite a vigilar especialmente los propios puntos fuertes (reales o presuntos), advirtiendo contra el peligro de sentirse demasiado confiado: sólo conociendo los propios límites es posible mantener despierto el espíritu, cultivando esa actitud de conciencia interior que el Evangelio llama «vigilancia». Sin esto, el cargo recibido y la posición de prestigio pueden ser fácilmente visitados por la soberbia, convirtiéndose en causa de mal y de ruina para el alma: «La soberbia, reina de los vicios, tan pronto como ha conquistado el corazón, lo entrega inmediatamente a la devastación como a sus dependientes, a los siete pecados capitales, de los que se deriva toda la multitud de los vicios»


LUJURIA        (Artículo competo)

La lujuria se designa también con el término «fornicación» indicando con él un comportamiento desordenado, sin reglas, no específicamente sexual aunque perteneciente al cuerpo, como los excesos en la comida y la bebida.

Este vicio está estrechamente relacionado con lo que la moral católica indica con el término «concupiscencia», para designar una tendencia desordenada, propia de una realidad que ha perdido su fin propio y con ello también la justa proporción y el sentido de la medida. 

En la concupiscencia, al menos en su momento inicial, son la razón y la voluntad las que ordenan la sensibilidad y la dirigen hacia lo que se considera el bien.

La lujuria está esencialmente ligada a la fantasía y a la imaginación, y encuentra estímulos y sugestiones en los medios de comunicación: televisión, novelas, revistas, películas.

La relación entre lujuria e imaginación se hace aún más evidente cuando se consideran los trastornos de adicción a Internet. 

El hecho de que la lujuria no cese con la llegada de la «paz de los sentidos», ya sea senil o virtual como en las adicciones a internet, muestra el carácter espiritual de este vicio, un vicio intelectual de la fantasía y la imaginación porque está enfermo de absoluto. 

La lujuria es destructiva por su propia naturaleza, en primer lugar porque niega la realidad, ya que su mundo es la imaginación, un mundo falso y superficial, que impulsa a huir de la intimidad, de la manifestación de los sentimientos y de la ternura. Lo que se destruye, en particular, es la confianza en el otro, la verdad de una relación, el deseo de implicarse: una de las heridas más graves y difíciles de curar tras una decepción amorosa es precisamente la capacidad de dar confianza, que constituye una pesada hipoteca para cualquier planificación futura.


ENVIDIA        (Artículo competo)

A diferencia de los demás vicios, la envidia no aporta ninguna ventaja a quien lo cultiva y, sin embargo, por él se está dispuesto a sacrificarlo todo. La envidia muestra cómo el comportamiento humano no obedece a las leyes de la lógica, ni siquiera a las aparentemente obvias del utilitarismo y el hedonismo: el placer aquí, si lo hay, es maligno y no aporta ningún tipo de disfrute a la propia vida.

IRA            (artículo completo)

De todos los vicios, la ira es quizás el más reconocible y el que más nos avergüenza, pues cuando somos presa de ella parecemos un libro abierto, en el cual se puede leer hasta lo más profundo. De ahí que su fenomenología sea más rica y conocida que la de los otros vicios, porque tiende per se a manifestarse hacia el exterior, presentando un componente fisiológico y psíquico reconocible desde la antigüedad.
 «la ira es un apetito penoso de venganza por causa de un desprecio manifestado contra uno mismo o contra los que nos son próximos, sin que hubiere razón para tal desprecio». La ira es concreta e individual, está ligada a una persona o a una acción precisa, a diferencia del odio, que es general, hacia toda una clase social o categoría de personas. Hay otra diferencia importante entre odio e ira: normalmente esta última está ligada a un dolor, que sin embargo tiende a desaparecer en el tiempo, lo que no sucede con el odio.


GULA        (artículo completo)

La gula puede presentarse como una forma agradable y benévola de disfrutar de la vida: ¿por qué entonces incluirla entre los vicios capitales? Calificar un vicio de «capital» no significa asignarle la primacía en cuanto a gravedad material (de otra forma, ¿no habría que incluir el homicidio entre ellos?), sino reconocer que se encuentra en la raíz de otros vicios, como una planta que cuando se cultiva produce una gran variedad de flores y frutos, pasando especularmente por las situaciones más diversas. En segundo lugar, se verá cuan necesario es disipar el lugar común que presenta al glotón bajo la apariencia del goloso capaz de refinados festines.

En cuanto a su ámbito específico, conviene recordar que, cuando hablamos de «gula», no nos referimos únicamente al acto de comer, sino a su deriva desenfrenada y compulsiva. La glotonería también se asocia al vicio de beber, que ciertamente no es una forma de «disfrutar de la vida»; la adicción a sustancias, aunque no figura literalmente entre los comportamientos propios de este vicio (ya que se trata de un fenómeno reciente), también presenta la misma dinámica del comportamiento propio de la glotonería. De hecho, estas tres actitudes se clasifican como un trastorno desde el punto de vista psíquico.

Avaricia

Acedia (Pereza)

No hay comentarios:

Publicar un comentario