San Agustín nos da la respuesta al decir “San Pablo habla
de las obras que preceden a la fe, Santiago de las que la siguen”.
En la carta a los Romanos, San Pablo habla sobre la
justificación por la fe. Nos dice que por medio de la Ley nos viene el
conocimiento del pecado, imposible de justificar por nuestros propios medios.
El primer paso que tenemos que dar es reconocer que, sin
ayuda divina, por nuestros propios medios es imposible cumplir totalmente los
mandamientos de la ley.
Conocida la ley y que la salvación llega a través de
Jesús crucificado, cuando comenzamos a amarle, vienen las obras realizadas por
amor, (aquellas que describe Jesús en el sermón de la montaña) viendo a Jesús
en nuestro prójimo.
El Apóstol Santiago, nos dice: Muéstrame tu (pretendida)
fe sin obras y yo por mis obras te mostraré mi fe.
Santiago no nos habla del que tiene fe sin obras, sino
del que dice que tiene fe. Pero no obra según
la fe, con lo cual muestra que se engaña o es un impostor. Si tuviera fe, ella
se manifestaría por el amor y de ahí el desafío del autor ¡Muéstrame, si
puedes, tu fe sin obras!
Y agrega: Tú crees que Dios es uno. Bien haces. También los demonios creen y tiemblan.
A continuación, repasa algunas situaciones descriptas en
la Biblia de personas que mostraron su fe mediante obras como el caso de
Abraham ¿no fue acaso justificado mediante obras, al ofrecer sobre el altar a
su hijo Isaac?
Ya ves que la fe cooperaba a sus obras y por las obras se
consumó la fe y así se cumplió la Escritura que dice: “Abraham creyó a Dios, y
le fue imputado a justicia” y fue llamado “amigo de Dios”. Así pues, con las
obras se justifica el hombre y no con aquella (fe) sola.
Fuente: Sagrada Biblia Straubinger